Poema
Un Caballero del Tercer Milenio
por María Adela Solari
Hay un roble que resiste en la tormenta,
un linaje de espinillo, toro y yaguareté,
que no dobla las rodillas si el invierno se presenta
porque lleva en la mirada la templanza de la fe.
Don Jorge es el paisaje que no borra la neblina,
el orgullo correntino que no sabe de ceder,
mientras una mano amada, la de siempre, su Carlota,
le sostiene la esperanza y lo cuida en su querer.
Aunque el tiempo a veces juegue a desdibujar los días
y el silencio traiga sombras que pretenden confundir,
su elegancia es un escudo, su postura es la hidalguía
de quien sabe que el respeto es la forma de vivir.
Él se pone de pie, caballero del afecto,
con el saludo formal y la gracia en la mirada,
aunque no recuerde el nombre, su gesto sigue perfecto,
su alma saluda al alma, noble y limpia, intacta, alada.
En los lienzos que pintaron sus manos de artista atento,
quedó atrapada la luz, los matices de la vida;
allí sigue su destreza, desafiando cualquier viento,
en cada trazo de amor que hoy cobija a su familia.
No habrá olvido que marchite lo que Jorge ha sembrado,
las verdades esenciales no las borra el vendaval,
el amor con que ha vivido, las caricias que ha entregado,
lo transforman para siempre en un fuego eternizado,
en el cuadro más hermoso de su afecto paternal.
m.a.s. (María Adela Solari)
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