Poema
El grito del Alma, cuando el Ser dice ¡basta!
por María Adela Solari
Hay un día en que el cuerpo, la mente y el alma
hacen un silencio profundo y total.
Una pausa estruendosa, un "hasta aquí" infinito,
el fin de una carga, el inicio de un umbral.
Y aunque ese vacío tiembla en la primera hora,
no es la derrota, es el anuncio del sol,
la luz que comprende que ya no hay demora,
no se puede sostener si falta el propio arrebol.
Creyendo ser el fuerte, el muro disponible,
entregamos lo mucho, y también lo que no hay.
Pero el alma tiene un límite, un punto ineludible,
donde la compasión y la calma son la clave para remontar.
De ese "basta" que quema, que duele y que libera,
nace la nueva piel, más consciente, más real.
Descubrimos que cuidarse no es una quimera,
sino la única base para poder dar el caudal.
Aprendemos a soltar el ancla que pesa,
a confiar en la vida, en la fuerza que es interior.
Y la tierra agrietada, por fin, se transforma
en el jardín mágico de un renacer mejor.
Luego, al mirarnos, desde un aire renovado,
sabemos que la confianza siempre nos trae una flor.
Que todo crecimiento viene de lo que fue negado,
que el servicio es la senda hacia el mayor valor.
Que el amor propio es la raíz, no el adorno,
el cimiento de toda firmeza y bienestar.
Y al elegirnos en cada retorno,
lo que entregamos se vuelve auténtico y singular.
No se trata de ser otro, la esencia es la misma,
sino de transformar el modo de interpretar,
de elegir la franqueza en lugar del miedo,
y recordar lo mucho que aún tenemos para dar.
Porque si estoy bien, y mi centro está encendido,
todo lo que me toca, y lo que de mí nació,
vuelve a la vida, florece y tiene sentido.
Tras el gran silencio, la historia me encontró.
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