Poema

Adolescencia (una zorra de rieles)

por Urutaú

Su papá era el Jefe de Estación. Las chicas y los chicos jugábamos con ella y andábamos felices nuestros mundos como se andan, de niño, las lluvias de verano. Jamás imaginé que en las ramas oscuras de los días nos acechaba, como pantera, la adolescencia. Un peón de la cuadrilla nos invitó una tarde (tres chicos, ella y yo) a reparar las vías, en la zorra de rieles. Yo la ayudé a subir tomándole las manos. No sé qué nos pasó, toda la realidad cambió de golpe, un calor frío nos erizó la piel y un asombro profundo nos cruzó la mirada y huyó como espantado. Y pasaban los días. Ella quedó algo esquiva; yo, muy solo, intrigado. Comencé a tener sueños, inquietudes, temores, anhelos de estar cerca y alegrías cuando pensaba en ella. Cuando pensaba en ella en mis dedos crecían jazmines de caricias, el brillo de sus ojos era engarce de estrellas, y veía en sus labios un capullo de rosa abriéndose en rocíos que congelaban mis pudores. Era su piel un vuelo de flamencos en el atardecer, y era su cuerpo una marea rodando en mis arenas (templo de caracolas y gaviotas), el mejor de mis sueños crecido en ilusiones. Y era larga la noche de los ojos abiertos. Una incipiente duda crecía entre las sombras, se tendía miedosa en el silencio, en el silencio que lo sabe todo cuando el amor es niño, pero no sabe nada cuando el amor nos crece. "¿Y si a ella no le gusto, si sólo quiere ser mi amiga, si es una fantasía, un imposible, una quimera?... ¡Mañana iré a decirle que la quiero!" Pero en la tarde vino, seria, callada, sola: "A papá lo trasladan a otra estación, muy lejos"; "nos mudamos el martes". Calló un momento, dijo: "Nunca te olvidaré". Bajó los ojos y se fue. Las mariposas moribundas del atardecer cerraron sus alas sobre el horizonte. El silencio cerró los ojos y dejó entrar la noche.
#adolescencia#primer amor#seudónimo
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